Edadismo: el prejuicio que envejece a todos

Miradas de la Tercera Edad

Cada vez vivimos más años, pero los estereotipos sobre la vejez siguen afectando la participación, la salud y la calidad de vida de millones de personas mayores.
Tony de Alba, colaboradora de SAM

Tony De Alba

A mis 75 años he aprendido que envejecer no consiste solamente en sumar años al calendario. Envejecer significa adaptarse a cambios físicos, emocionales y sociales que llegan poco a poco y nos obligan a reinventarnos constantemente.

También he descubierto algo que no esperaba: muchas veces son los demás quienes deciden cuándo una persona es considerada “vieja”.

Todavía trabajo, escribo, participo en proyectos y mantengo una vida activa. Sin embargo, con frecuencia encuentro personas que se sorprenden de ello. Algunas me felicitan como si seguir siendo productiva a mi edad fuera algo extraordinario. Otras asumen que ya no tengo interés en aprender cosas nuevas o que ciertas actividades “ya no son para mí”.

Con el tiempo entendí que esas actitudes tienen nombre: edadismo.

Vivimos más años, pero persisten los prejuicios

En México, el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores considera que la vejez inicia a los 60 años. En otros países se establece a partir de los 65. Sin embargo, más allá de la cifra, la realidad es que hoy las personas mayores vivimos de manera muy distinta a como lo hacían generaciones anteriores.

Por supuesto que el paso del tiempo deja huellas. Las rodillas ya no responden igual, aparecen algunos padecimientos y enfrentamos despedidas que forman parte natural de la vida. Pero también es cierto que millones de personas mayores seguimos activas, participamos en nuestras comunidades, trabajamos, estudiamos, emprendemos y seguimos construyendo proyectos.

La esperanza de vida ha aumentado y la forma de envejecer también ha cambiado. Sin embargo, los prejuicios parecen avanzar más lentamente.

¿Qué es el edadismo?

Con el tiempo descubrí que estas experiencias tienen nombre. La Organización Mundial de la Salud las identifica como edadismo: prejuicios o formas de discriminación que surgen simplemente por la edad de una persona.

A veces aparece de manera evidente, por ejemplo, cuando una empresa descarta a alguien por considerarlo demasiado mayor para trabajar. Pero en otras ocasiones se presenta de forma más sutil: cuando se nos infantiliza, cuando se habla por nosotros o cuando se asume que ya no somos capaces de tomar decisiones por cuenta propia.

He vivido algunas de estas situaciones y estoy segura de que muchos lectores también las han enfrentado.

No siempre se trata de una agresión abierta. A veces basta una frase aparentemente inofensiva para recordarnos que la sociedad sigue asociando la vejez con dependencia, fragilidad o incapacidad.

La resiliencia también envejece

Si algo me ha enseñado esta etapa de la vida es que la resiliencia no desaparece con los años; por el contrario, suele fortalecerse.

Las personas mayores hemos atravesado crisis económicas, pérdidas familiares, cambios tecnológicos, transformaciones sociales y desafíos de todo tipo. Esa experiencia acumulada representa un valor que con frecuencia pasa desapercibido.

Por eso me preocupa que muchas veces se hable de nosotros únicamente desde nuestras limitaciones y no desde nuestras capacidades.

Sin duda, la edad puede traer dificultades, sí, pero también aporta perspectiva, paciencia, experiencia y una forma distinta de comprender la vida.

Un reto que nos involucra a todos

La población de personas mayores crece aceleradamente en México y en todo el mundo. Esto plantea desafíos importantes para los sistemas de salud, las familias y las políticas públicas.

Pero también nos ofrece la oportunidad de construir una sociedad más incluyente y respetuosa.

Combatir el edadismo no significa negar el envejecimiento. Significa reconocer que cada persona envejece de manera diferente y que ninguna debe ser definida únicamente por su edad.

A mis 75 años sigo haciendo planes, aprendiendo cosas nuevas y participando activamente en la vida profesional y personal. Por eso creo que el verdadero reto no consiste solamente en vivir más años, sino en vivirlos con dignidad, autonomía y sentido.

Porque si la vida nos regala suficiente tiempo, todos llegaremos algún día a esta etapa. Y todos merecemos hacerlo en una sociedad que valore la experiencia tanto como valora la juventud.

Hasta la próxima.

Sobre la autora
Tony De Alba es colaboradora de Salud Adulto Mayor. A través de sus textos comparte reflexiones sobre envejecimiento, resiliencia, bienestar, edadismo y los desafíos que enfrentan las personas mayores en la vida cotidiana. Con una mirada cercana y basada en la experiencia, busca contribuir a una visión más positiva e inclusiva de esta etapa de la vida. Es periodista de vocación y relacionista pública de corazón. Continúa activa profesionalmente y colabora en SAM desde junio de 2026.

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